Antonio R. Aniorte – Producción Periodística UMH


Reseña de ‘El Emperador’

Publicado en II Seminario Kapuscinski por A. Aniorte en 30 mayo 2010
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Kapuscinski - ELPAIS

Debo confesar que desconocía por completo la figura de Kapuscinski, y por ende, su obra. Después de haber leído, o mejor dicho, devorado ‘El Emperador’ tengo que reconocer que he sumado su nombre a mis preferencias literarias, descubriendo a todo un maestro del relato y de una particular praxis periodística.

Tres momentos, tres grandes apartados: ‘El trono’, ‘Ya llega, ya llega’ y ‘El desmoronamiento’. El relato, en las voces del entorno de Haile Selassie, en su séquito y cubierto de un rosario sinfín de tratamientos. En el resultado que le queda al lector se mezclan impresiones de todo tipo, desde el absurdo hasta la compasión.

Kapuscinski es capaz de usar los testimonios de la corte para narrar magistralmente la evolución de un líder analfabeto, de su día a día en el trono, de su forma de hacer política y de gestionar la rebelión, así como su trato con quienes le rodean o con la prensa. Es imposible destacar algo de un todo tan compacto y estructurado. Un testimonio tras otro, hilado fina y ocasionalmente en primera persona por el propio Kapuscinski, teje la personalidad del emperador. Cualquier intervención es un rico torrente de matices, de una cuidada y selecta información descriptiva.

La recta final de libro, planteada como “un gran torneo” entre la revolución encabezada por los dirigentes del Derg y el propio Selassie es una de las partes más vibrantes de ‘El Emperador’. Su construcción y narrativa mantienen al lector en vilo hasta la última línea, hasta el texto del acta de destronamiento o la esquela final con la que se cierra el relato.

Pero lo que está claro de ‘El Emperador’ es su capacidad de ser extrapolado, de ver rasgos similares a los de Selassie incluso en nuestro entorno. Es una nueva perspectiva de cómo lleva a cabo su régimen un gobierno dictatorial, dejando en evidencia muchas similitudes, quizás maquilladas, de sistemas políticos actuales, o mejor dicho, de quienes detentan el poder en los mismos. Un sistema no puede llamarse abiertamente democrático si cuenta con una clase política de tan bajo perfil y constantemente cuestionada en su transparencia. La corrupción, como basura social, practicada con elegancia y trajes caros, se extiende hasta un punto en el que suprimirla es casi imposible. Aún así, alguien debe hacer algo, pero la solución se complica cuando quienes están elegidos para actuar y hacer las leyes, son los mismos que apestan a esta nueva forma de putrefacción.

Desmitificando a Kapuscinski

SEGUNDA SESIÓN DEL SEMINARIO INTERNACIONAL RYSZARD KAPUSCINSKI – UMH

Segunda sesión del Seminario sobre la figura de Kapuscinski

En la recta final del II Seminario Internacional Ryszard Kapuscinski, le tocó el turno al reportero Jędrzej Morawiecki y se convirtió en la única voz discordante hasta el momento con los sentimientos de profunda admiración hacia la figura del símbolo del periodismo polaco recogidos en este foro. En este sentido reconoció que en Polonia no está bien visto criticar la figura de Kapuscinski, ya que su impronta ha sido tan honda que ha abierto una dicotomía entre el su modelo, basado en lo subjetivo, y el de objetividad, propio de la BBC, por lo que “este debate no se debe sólo a la comunicación, sino también a la ciencia, a la investigación”. Además, es consciente que “desmitificando a Kapuscinski estamos dañando nuestro ambiente de reporteros”.

Morawiecki se esforzó por intentar convencer al auditorio que “Kapuscinski se contradice cuando afirma que no se puede visionar el mundo desde la ventana del hotel, y él si que lo observa desde el tren”. De esta forma mantuvo que en muchas ocasiones se ha dedicado a observar y no preguntar, dando por supuesto las premisas que él mismo se ha planteado.

Previa a la intervención de Morawiecki, la profesora Malgorzata Kolankowska hizo un detallado recorrido por la impronta dejada en la tradición periodística y literaria polaca por el “Emperador del periodismo”, así como su influencia y trayectoria, señalada siempre por preferir “entrevistar al pueblo llano antes que a políticos importantes”.

Es de resaltar que a lo largo de todo el seminario estuvo en los comentarios de los presentes la reciente y polémica biografía de Kapuscinski, escrita por su discípulo Artur Domoslawski, y que estará en la tercera edición de este foro en 2011. Nos toca esperar.

‘El Emperador’, hoy

PRIMERA SESIÓN DEL II SEMINARIO INTERNACIONAL RYSZARD KAPUSCINSKI – UMH

Primera sesión del Seminario sobre la figura de Kapuscinski

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente al pasado mes de abril, revela que los españoles sitúan entre sus principales preocupaciones a la clase política, ocupando el tercer puesto, junto con la corrupción y el fraude, que se ubican en sexto lugar.

Por eso, y a pesar de haberse publicado en 1978, el contenido de ‘El Emperador’ de Ryszard Kapuscinski continúa de plena vigencia ahora y aquí. A nadie se le escapa que este relato del consagrado periodista polaco es, en palabras del profesor José Luis González, “una crítica abierta a la corrupción política”.

La que fuera secretaria de Kapuscinski entre 2003 y 2007, Agnieszka Flisek, aseguró, en el transcurso del II Seminario Internacional que sobre la figura del reportero llevó a cabo la Universidad Miguel Hernández de Elche, que cuando se publicó ‘El Emperador’, fueron muchos los que vieron en el libro “una maniobra para esquivar la censura de la época, y denunciar la situación que atravesaba el país”. Aún así, “el mismo Kapuscinski protestó ante quienes consideraban la corte etíope como un disfraz a la situación en Polonia ya que quería que el libro tuviera una dimensión universal, sobre el poder dictatorial y cómo los individuos se movían en él”.

El objetivo parece haberse cumplido, y más allá del régimen puramente dictatorial, tiene una transposición válida incluso para determinados sistemas democráticos actuales. Cogemos ahora ‘El Emperador’ y podríamos utilizar en nuestras crónicas muchas de sus frases, con sólo cambiar a Selassie por el nombre de algunos dirigentes públicos.

La profesora Flisek recordó que precisamente es la Corte la que dibuja el perfil de Selassie y Kapuscinski denuncia así que “este sistema de cortesanía volverá a aparecer cuando se necesite del silencio y de la corrupción”.

En nuestra sociedad, el entramado de los partidos políticos se traduce, en cierta forma, como la nueva ‘Corte del Emperador’: una larga lista de halagadores en torno a un mal llamado líder, siendo capaces casi de todo por un puesto (bien remunerado, mejor) cerca de la sombra protectora del número uno.

En este sentido, acierta el politólogo Rubén Darío Torres, cuando se pregunta abiertamente en el mismo foro “¿qué diferencia hay entre un autócrata que controla la información [Haile Selassie] y una cadena autonómica que se niega a hablar de hechos de enorme trascendencia política y social?” en alusión al tratamiento que Canal 9 está realizando del Caso Gürtel.

Es precisamente cuando se multiplican estos escándalos, convirtiéndose en una asquerosa rutina y los tentáculos de los intereses económicos lo atrapan todo, cuando uno se da cuenta de que no hace falta ir hasta Etiopía para encontrarnos con actitudes que se parecen mucho a las de Selassie.

Cerró la sesión inaugural de este seminario el periodista Agustín Vico, que dejó patente su admiración hacia el comunicador polaco y su obra, al asegurar que “Kapuscinski se distingue por el trabajo concienzudo, por la cantidad de fuentes, a pie de la noticia y por su enfoque personal, que lo hace tan atractivo”. Destacó también que ‘El Emperador” es un tratado de Ciencia Política “donde a través de las declaraciones se informa de cómo era capaz de gobernar un hombre que no sabia leer ni escribir”, pero también de periodismo “por el número y la calidad de los contactos”.

La libertad de expresión, en el muro de Facebook

Ali Lmrabet, en las V Jornadas de Periodismo

Que estamos ante una sociedad cambiante por segundos no es ninguna novedad. Sin embargo, llama significativamente la atención analizar en qué punto se encuentra el tratamiento informativo de los conflictos y hacia dónde se dirige. De poner sobre la mesa esta realidad se encargó la Universidad Miguel Hernández con la celebración de la quinta edición de sus Jornadas de Periodismo, que bajo el título ‘Información y resolución de conflictos’ reunió en Elche durante los días 22 y 23 de abril a un cuidado elenco de profesionales de la comunicación que despertaron, cuando menos, una profunda reflexión ante quienes probablemente dentro de no demasiado tiempo tengan que informar sobre situaciones parecidas.

Problemas familiares de última hora hicieron imposible que el reconocido reportero de Televisión Española, Vicente Romero, pudiera formar parte del elenco de ponentes, obligando a reestructurar el programa previsto. Así, el mal sabor de boca que despertó esta ausencia entre parte del auditorio, quedó endulzado al ofrecer el rango de conferencia a la intervención de Ali Lmrabet, periodista represaliado por el gobierno de Marruecos.

Con su simple presencia ante el micrófono surge una cuestión de partida: antes de abordar cómo informar de los conflictos es de imperiosa necesidad que nos dejen hacerlo. Algo que para las sociedades democráticas occidentales puede parecer tan obvio, es un obstáculo permanente al que se enfrenta, entre otros, el propio Ali Lmrabet, quien ha conocido en primera persona las penurias de prisión por denunciar que en Marruecos no existe, pese a lo que pueda parecer o intenten proyectar sus lobbys, una auténtica democracia. En el reino de Mohamed VI no existe una verdadera la libertad de expresión, y sin ella, la labor periodística no puede desarrollarse. Esta conclusión es más firme en palabras pronunciadas por el propio Lmrabet en un correctísimo español, y en las que no teme afirmar que “la dictadura marroquí reprime el derecho universal a opinar, escribir y expresarnos”. Pero en la oscuridad de esta información coartada o silencio cómplice, amanece radiante el fenómeno de las redes sociales y la blogosfera, proyectándose como una herramienta óptima para informar en casos en los que, como ocurre en Marruecos, no se dispone de otros medios para conseguirlo. Internet se revela, por tanto, como un garante de la libertad de expresión, hasta el punto de que Ali Lmrabet se está sirviendo de su perfil en Facebook o de Twitter para poder contar, libremente, aquello que es digno de amplificar o denunciar. De esta forma, aceptando ‘solicitudes de amistad’, comentando lo publicado en su ‘muro’ o haciendo click en un ‘me gusta’ de su estado, también se consigue informar.

Precisamente, los principales medios de comunicación se están dando cuenta de la importancia de hacer partícipe al lector. Lo sabe bien Rosa Jiménez, de elpais.com, que ha amamantado la consolidación del ‘Yo, periodista’, en el que la implicación del usuario en el medio adquiere un grado máximo. El “periodismo participativo”, como ella definió esta comunión de actores, sirve para muchas cosas, pero ante todo, “para tomar el pulso a la sociedad, [...] para constatar lo que le preocupa a la gente”. Es ahí precisamente hacia donde, con mucha probabilidad, se dirige el presente y futuro de la comunicación de conflictos en particular, y de la labor periodística, en general. El consagrado corresponsal de El País, Ramón Lobo, también sentenció que “Internet hará que el papel se reinvente”, despejando desde su parecer cualquier visión catastrofista sobre el medio impreso y alentando una combinación de esfuerzos y herramientas, favorecidas por las nuevas tecnologías.

Inmigración

Conflictos no son solamente las guerras. Incentivados por una enorme lista de prejuicios adquiridos desde temprano, en muchas ocasiones, y más cerca de nosotros, aparecen otro tipo de fenómenos, como es el caso de la inmigración, que también son objeto de la agenda de los medios, aunque no siempre desde un enfoque todo lo adecuado que requiere este amplio colectivo social. Por este motivo surgen “Latino” o “Roman in Lume”, medios hechos por y para el colectivo inmigrante, en este caso, para iberoamericanos y rumanos, respectivamente.

Marc Basté, director general de Novopress, empresa editora de “Latino” y la profesora Patricia González, señalaron que los medios generalistas españoles no se ocupan acertadamente del prisma que busca el inmigrante sobre la información de su lugar de origen. Los lectores de estos medios buscan información de sus países contada por sus compatriotas. Se pretende así que el inmigrante se sienta identificado a través de alguno de los llamados “medios étnicos”, al tiempo que mantiene, según Basté, “el cordón umbilical con sus países de origen”.

En relación con esto, Xavier Giró, profesor de Periodismo Político en la Universidad Autónoma de Barcelona, dijo en su ponencia (que pasó a convertirse en ponencia inaugural, tras el ajuste del programa), que cuando se abordan informaciones que tienen que ver con la inmigración, la práctica totalidad de los medios españoles suelen utilizar una serie de tópicos para señalar su profesionalización en actos delictivos o socialmente reprobables, como por ejemplo, “atracadores instruidos perfectamente”.

Estas V Jornadas de Periodismo, respaldadas por una gran asistencia, dieron para mucho más. La solemnidad que sólo es capaz de imprimir el Aula Magna de la Universidad Miguel Hernández, deja en el ambiente la sensación de haber vivido unas ponencias que marcarán a aquellos que, más pronto que tarde, podrían o podríamos estar contando alguno de los muchos conflictos que plagan el planeta. No todos tendrán cabida entre las páginas del papel o en los minutos de radios y televisiones. Los intereses políticos o económicos seguirán haciendo que los micrófonos y las cámaras apunten, como si de una brújula se tratase, a un punto intencionalmente señalado.

El periodismo, según Pau Llop

Publicado en Actividades en Clase por A. Aniorte en 15 marzo 2010
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Hay que reconocer que valentía no le falta. Tampoco una idea innovadora, ni el ímpetu emprendedor. Pau Llop, fundador de Bottup, ha visitado la UMH y ha puesto sobre la mesa la realidad del periodismo que hoy nos toca vivir. Precisamente eso, periodismo. Lo único que cambia es el prisma.

El planteamiento de Bottup es coherente. Si el ciudadano genera la información, que sea él mismo quien la cuente. Es ahí donde debe intervenir nuestra profesión. Con la implicación del periodista, esa información se reviste de los cánones de la profesión.

La revolución de Internet, con su proyección global, fácil acceso y múltiples herramientas, ha hecho que la industria de la información se ponga nerviosa y busque con ansiedad como seguir manteniendo márgenes de beneficio que satisfagan a sus accionistas. Para Pau Llop, “esta industria quiere hacer periodismo, sin periodistas”, y el modelo es insostenible.

Es por ello por lo que hay que seguir apostando por una red neutral, por el soporte que sustenta todo este manantial de información de ciudadanos para ciudadanos.

Pero como en todas las historias, siempre hay una sombra. En este caso se llama financiación. Es complejo hacer que quienes guardan los caudales aflojen el nudo de la saca para gente joven y con proyecto. Cuesta mucho confiar en la juventud. Y esto lo sabe bien Pau Llop. Sin embargo, proyectos como Ashoka, sí que se han fijado en él y han respaldado su ilusión.

También hay enfrente, quizá cada vez menos, quienes muestran sus reticencias, incluso dentro de la profesión, a las posibilidades de la red. Esta falta de cultura digital sólo hace obstaculizar un avance imparable.

Me quedo con uno de los consejos que nos brindó Pau en la UMH: “No apostéis todo vuestro futuro para trabajar para la industria”. Tiene mucha razón.

Cibermedios: queremos más y mejor

Quizá sea porque lo estamos viviendo en la actualidad y de forma constante, o tal vez, porque ésta es una revolución en positivo. Internet está transformado todo el entorno que nos rodea y aplicado en el ámbito del periodismo, el cambio es mayúsculo. En esta situación aparece una serie de palabras, que lejos de ser novedosas o resultarnos extrañas, se encuentra plenamente asumidas. Conceptos como ‘ciberperiodismo’, ‘cibermedios’ o ‘web 2.0’ se han incluido, casi de manera automática, en nuestro lenguaje cotidiano. Puede que la responsabilidad de que hayamos adquirido estos nuevos vocablos tan inconscientemente como late nuestro corazón o respiramos, sea debido a que los principales medios de comunicación, en su mayoría y unos con más éxito que otros, no han querido dejar pasar la oportunidad subirse al tren de las múltiples posibilidades que brinda la Red.

Para llegar al momento actual ha habido que superar muchos debates, con voces críticas e inmovilistas al cambio (alguna de las cuales aún persiste). Pero al final, hablar de ‘cibermedios’ es abordar el día a día de la información.

Coincido con los profesores Ruth Rodríguez-Martínez, Lluís Codina y Rafael Pedraza-Jiménez en la mayor parte de las conclusiones de su estudio “Cibermedios y web 2.0: modelo de análisis y resultados de aplicación”, tales como la aplicación de nuevos lenguajes, las herramientas multimedia, o la inclusión de los medios en redes sociales e hipertexto, entre otros, aunque sería útil añadir una necesidad constante de formación y reciclaje de los profesionales de la comunicación, como base fundamental para que este cambio, que es constante, que no ha terminado y que tiene posibilidades infinitas, llegue a puerto con éxito, tanto en el mundo empresarial, como – y esto es lo más importante – en la profesión periodística.

Analizando alguno de los casos recogidos en el citado estudio, destaca en nuestro país la edición digital del diario EL MUNDO. Un completo portal lleno de posibilidades, acertando en claves como la facilidad en el acceso a la información, una constante actualización de contenidos multimedia, donde se permite la interactividad del usuario, y a coste cero.

El resto de medios españoles estudiados en el artículo, también ofrecen esperanzadores augurios para el desarrollo del ciberperiodismo, aunque no deberíamos de dejar de mirar países como Estados Unidos, de donde debemos nutrirnos e imitar (sin plagiar), adaptándolo a las características y particularidades de la sociedad española.

Se ha conseguido mucho, pero aún queda más por hacer. En este sentido, la convergencia digital no se ha llevado a cabo con éxito en ocasiones. Hay quien ha interpretado esto como una guerra. Otros, como una herramienta fácil para reorganizar redacciones, mostrando a algunos profesionales de la comunicación el camino a las oficinas de desempleo. Nosotros, que hemos nacido con el surgimiento de este cambio, debemos ser la generación de periodistas que abandere una consolidación que aún está por llegar. La tecnología no es una enemiga, ni quita lectores. No estamos hablando de futuro. Es el presente. Podrían acabarse los periódicos (que dudo), pero aún así, seguiría existiendo el periodismo. Un periodismo mejor y más competitivo, que deberemos desarrollar nosotros.

 

Periodismo: ¿espacio sin humos?

¿Cuándo los intereses políticos, económicos y comerciales dejarán de interponerse en el periodismo? Seguramente esta pregunta pasó por la mente de Lowell Bergman en algún momento de esa lucha por ventilar los malos humos de Brown & Williamson Tobacco.

La relación de Bergman con su fuente, Jeffrey Wigand, pasa por diferentes estadios. Aún así, el periodista siempre mantiene su firme compromiso de confidencialidad, respetando su anonimato hasta el momento pactado. En estos personajes se aprecia el trato de respeto a los tiempos y las formas que el profesional de la comunicación debe mantener con sus informadores. El Dr. Wigand se sirvió de ese elemento del periodismo (Kovach y Rosentiel) que es dar voz a quien no la tiene y el control independiente del poder para que Bergman destapase el gran escándalo.

El trabajo en la redacción tampoco es fácil para Lowell Bergman ya que, una vez se ha conseguido materializar el reportaje, se encuentra con el freno del productor ejecutivo, Don Hewitt. En esta historia aparece el concepto de la autocensura que se aplica la CBS para evitar problemas (llámense demandas o pérdidas publicitarias). Con la emisión del primer reportaje “dulcificado” la cadena se hace un flaco favor, ya que tras la presión mediática y la publicación del reportaje completo, se comprueba que la CBS pasó a segundo término una información tan relevante como la adicción al tabaco, frente a otro tipo de intereses.

Finalmente saltó el escándalo. Ni siquiera las amenazas consiguieron silenciar el periodismo. Afortunadamente hay muchos medios en la actualidad. Es síntoma de pluralidad. A muchos les falta la gallardía, el valor y el coraje de publicar determinadas informaciones. A otros, afortunadamente, no. Es una gran satisfacción para el periodista y una gran tranquilidad para la democracia y sus ciudadanos.

Vigilar al poder y dar voz al que no la tiene

La mejor síntesis la recoge esta frase de Kovach y Rosentiel en “Los Elementos del Periodismo”: “El periodismo ha de vigilar a los escasos poderosos de una sociedad en representación de los muchos que no los son, para así evitar las tiranías”.

Nuestra profesión nos confiere una posición preeminente desde la que estamos llamados a controlar al poder. El periodismo de investigación ha conseguido grandes hitos en la historia contemporánea. Atrás quedan ya los sistemas de propaganda incuestionados. Ahora los medios están considerados como el cuarto poder, y tienen los medios para adentrarse en los aspectos más oscuros de la sociedad.

Este tipo de periodismo tiene éxito. Son diferentes las facetas mediante las cuáles se puede llevar a cabo todo tipo de investigaciones. Sin embargo parece que el periodismo de investigación está transformado su función de vigilancia y control en una forma de diversión.

Tengamos presentes a la hora de investigar nuestro compromiso con las fuentes y la constante búsqueda de la verdad. Estamos ante una gran responsabilidad, casi de calado moral. Se nos han dado unas herramientas para fiscalizar. Tenemos los medios para poner luz en las sombras. ¿Por qué deberíamos resistirnos a hacerlo?

El periodismo como foro público

Como siempre con la base de la verdad, también nos corresponde ser los encargados de abrir nuestros micrófonos a la sociedad. Sus historias, en cierta forma, nos dan también de comer. Además son riqueza del periodismo y forma parte de nuestra profesión.

Lamentablemente muchas veces bajo el paraguas de pluralidad o debate abierto, lo que se consigue son reyertas artificiales, más propias de gatos callejeros que de seres humanos capaces de defender con la palabra nuestros argumentos. Procuremos enriquecer nuestros debates con pluralidad de voces y temas.

En este intercambio sería bueno predisponer los cinco sentidos de forma abierta. Seamos capaces de analizar los planteamientos de los otros, e intentar rebatirlos, porque quizá nos demos cuenta de que todo no es tan malo o bueno como creíamos.

Y en el centro de todo, el ciudadano. Nuestro objetivo permanente, con sus preocupaciones y ocupaciones. Mientras nosotros, daremos cancha, porque seguro que tienen mucho que aportar.

Periodismo de verificación

Alguien dijo una vez que “la objetividad es una esquiva dama con la que no he tenido el gusto de encontrarme”. Posiblemente tuviese razón. Somos seres humanos. Nuestra percepción de todo es subjetiva. De lo contrario seríamos máquinas.

Al margen del inconveniente de no ser faros de la objetividad, sí que debemos conseguir conquistar un periodismo de verificación, de contraste de informaciones, de búsqueda de la verdad. Es una buena meta. En otros caminos quedará el periodismo de interpretación opinativa, que tiene su cabida en forma de editorial o columna de opinión.

Elijamos la técnica que más se acomode a nuestras preferencias, siempre subjetivas. Pero que el resultado sea al final un texto tan veraz como que ahora estás leyendo estas líneas.

Una buena guía para ser veraces en nuestra profesión nos la ofrecen Kovach y Rosentiel en  “Los Elementos del periodismo”. No hay cabida para añadiduras, como tampoco para engaños. Sobre todo deberíamos ser transparentes, ni confundir a las fuentes. Busquemos siempre la originalidad, sin olvidar quienes somos: trabajadores de la información. Sólo eso.

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